Follar, enriquecerse, vengarse

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Moisés rompe las tablas de la ley, por Gustave Doré (1866)

La moral y la ética no son temas que se toquen a menudo en la magia del caos. El énfasis en general está en los resultados, de donde viene una de las críticas favoritas a este sistema que más me gustan.

Más de una vez he oído decir que a los magos del caos solamente les interesan tres cosas: conseguir sexo, conseguir pasta, conseguir vengarse (adaptándolo del inglés “to get laid, to get rich, to get even”). Con esto se pretende decir que somos una panda de egoístas centrados solamente en nuestros ombligos y sin ningún interés por lo que se viene a conocer como iluminación o, a un nivel más llano, siquiera por las consecuencias de nuestros actos.

Estoy totalmente de acuerdo con que la moral y la ética no estén habitualmente manifiestas en el sistema, pues su ausencia cumple a mi ver una importante función.

Desde los mismos orígenes de este metaparadigma o metamodelo conocido como magia del caos el objetivo ha sido el de analizar los antiguos sistemas iluminadores y mágicos desde una perspectiva no sectaria, pretendiendo quitar la paja para poder quedarnos con el grano.

Un sistema moral es un marco para la acción dentro del que nos movemos, y como tal es una herramienta para apoyarnos y decidir el mejor camino para llevar a cabo nuestras acciones. Los sistemas morales suelen ser heredados, y dependen en gran medida de la cultura y la educación.

Cuando no van apoyados por la experiencia esos sistemas morales tienen cierta tendencia a convertirse en cadenas más que en marcos, generando todo tipo de prejuicios. Si no se cuestionan los cómos ni por qués un sistema moral no deja de ser un lavado de cerebro al que nos sometemos porque se nos ha dicho que es lo correcto, porque es lo que dicen los que saben. Por eso mejor saber por uno mismo, para que nuestro código moral personal no sea paja sino grano.

Repasando el cliché antes citado:

Conseguir sexo

Si abordamos esto literalmente el sexo es un impulso natural y muy placentero, así que ¿por qué no explorarlo a nuestro gusto?

Si lo miramos de una forma más amplia podemos entenderlo como conseguir lo que deseamos. Si se dedica un poco de tiempo a analizar las motivaciones y los resultados de nuestros actos vamos a llegar a un mayor conocimiento de nuestras motivaciones, de nosotros mismos y de nuestra relación con los demás. Cuando consigues un deseo se suele cumplir lo que los budistas consideran la primera noble verdad, que toda existencia es sufrimiento. ¿Me refiero con esto a que la vida es una mierda sin satisfacción alguna posible salvo la supresión de nuestros deseos para librarnos de las tensiones morales y emocionales a las que nos someten? No, me refiero a que cuando se consigue un objetivo inmediatamente se encuentran pegas, o se ve que se manifiesta de formas que no queríamos, o que las consecuencias van más allá de lo que pensábamos. Inevitablemente el conseguir que algo ocurra nos da datos sobre nosotros, nuestra forma de ver el mundo, lo que queremos, lo que creemos que queremos, la forma en que nos relacionamos con los demás… y nos invita a cuestionarnos nuestro propio código de conducta y nuestra visión general.

Usando la palabra desde una perspectiva occidental, nos ilumina, arroja luz sobre el asunto.

Conseguir pasta

Explicado lo anterior no es muy necesario explorar este punto, porque es otro de esos en los que conseguir lo que quieres te lleva a nuevas perspectivas sobre qué es eso exactamente, o incluso qué significa querer algo. Nos hace pensar también en cuál es nuestra relación con lo material y qué significa para nosotros la riqueza, si es dinero, placer, una vida tranquila, aventura…

Conseguir venganza

La famosa destrucción de nuestros enemigos al más puro estilo del “¿Qué es lo mejor de la vida?” de Conan.

Otra vez podemos ir a lo literal, al “Voy a pasar por encima de tu cadaver.” o al “Te voy a destruir por suspenderme Mates.”, o escarbar un poco más. En este tercer punto entraría especialmente el cómo nos manejamos con los conceptos de justicia, de culpa o de empatía. Son ideas profundas y con importantes implicaciones en nuestra vida diaria, así que echarles un ojo de vez en cuando puede beneficiarnos.

Cuando digo cuestionar o poner a prueba no estoy hablando de que arrojemos a la basura nuestra ética y moral y la reemplacemos por una rutilante nada.

Ese es solamente uno de los paradigmas que se pueden visitar.

Cada paradigma tiene su propio sistema o sistemas morales, cada uno de ellos muestran diferentes formas de comprender el mundo y nuestra interacción con él. Explora diferentes códigos éticos. Para esto están las herramientas de salto de paradigma.

Eso sí, si a lo largo de esa exploración te planteas hacer algo que te pueda traer consecuencias nefastas o de lo que estás seguro que te vas a arrepentir date un tiempo para pensártelo un par de veces. Más vale estudiar con anticipación un objetivo. Para eso están tu lógica, tu sentido común y las herramientas de adivinación.

Como regla general no actúes en caliente. Suele ser cuando tomamos las peores decisiones. Para usar el enorme poder de las emociones están las herramientas de trance.

En resumen, la construcción de tu propio código ético es, desde mi perspectiva, uno de los ladrillos fundamentales de la consecución de La Gran Obra. Asimilar el código ético de otros sin cuestionar te hace esclavo suyo, y cuestionar el tuyo propio te ayuda a liberarte de tus propias cadenas o de ser al menos más libre de escoger las cadenas que más te gustan o interesan.

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